Libre como el viento me sentía al despejar mis alas y alzándolas al cielo, como un pájaro cuando aprende a volar. Así estaba yo en el acantilado y sabía que podía hacerlo. Solo tenía que creer en ello, igual que hace todo el mundo.
Una vez me puse en el sitio justo, cerca de las rocas anteriores a la caída, hice unos pasos largos y rápidos y me dejé caer dejando que la gravedad me llevara hacia abajo hasta el momento exacto en el que desplegué mis alas por completó y me abandoné a la corriente de aire que fluía por todo el valle.
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